Se me habían acabado las revistas para leer, los libros releídos, los cds reescuchados. La televisión no me gusta, y de pensar me había cansado. Eras las ocho menos cuarto, hacía frío, pero me abrigué a salí a caminar. Se me dio por ir por la avenida Rivadavia, tal vez porque se me apareció en el único billete que llevaba en mis bolsillos. Era un día igual a los demás, la gente caminaba pensando en sus cosas, pero yo caminaba buscando algo para pensar. Mis cosas, están hartas de que las piense, y crucé el puente. Entonces me dí cuenta que no me había maquillado antes de salir, no estaba vestida bien, y tal vez no tenía la mejor cara. Estaba nublado, miré al otro lado de la avenida y los carteles de papel sobre las paredes estaban desgarrados, como si alguien furioso los hubiese arrancado. Visualicé uno que estaba amarillo, y del que quedaba un retazo de la publicidad. Era la de un shampoo, y transgredí las barreras del presente, volví a unos meses atrás cuando alguien me había dicho que me parecía a aquella mujer de la fotografía. Esbozé una sonrisa recordando la hipocresía quehabía emanado casi naturalmente, al escuchar ese "elogio"; como si algo me pudiese sorprender, como si pudiese aceptar algún piropo o como si me hubiese gustado aquella frase. Seguí caminando, y me di cuenta que había transitado 10 cuadras ya. No me importó en lo absoluto, porque caminaba por placer, para quitarme el aburrimiento y encontrar algo en lo que pensar.
9 de Julio. Cambia el panorama: chicos saliendo del colegio secundario, algunos que se van en sus autos, otros toman el colectivo. Escucho conversaciones, hablan de fiestas, salidas, "juntaderas", chicos y chicas. Una chica cuenta un chisme de alguien que mantenía una relación netamente sexual. Todos ríen y se burlan de aquella tratándola de prostituta. No, mas bien de puta. Ja! (Me encanta transguedir) Viajo hacia unos años atrás, y me veo como aquella chica de la historia. Exactamente igual a esa: su primera vez con alguien que no quería, pensando que esa era la mejor manera de tener sexo y no enamorarse de aquella persona. JA JA JA. Sí, un chiste bastante bueno.
Crucé al bar del frente, con ganas irrefenables de tomar una ceveza. VUelve a mi memoria esa canción sobre la cerveza caliente, el paquete vacío y el primer amor. ¿Primer amor? Pensándolo bien, nunca pude descifrar cuál era. Si el primero por el que lloré, si el que lloré más, el de la primer experiencia sexual, o el único que me conoció de verdad, me quiso y le pude decir todo lo que sentía. Sigo sin definir bien cuál fue, y eso que pasaron como 10 diez años entre esos amores, o calenturas (ya no sé cómo llamarlos). Aquella sufrida adolescencia prematura y remota, donde guardaba ilusiones. Ilusiones que venían de libros, películas, canciones. Recordé una de mis más grandes ilusiones, traídas a la vida a partir del primer libro que me hizo estremecer de verdad,a los catorce años. Y entonces lo ví, como aletargado en el tiempo, sin destino, casi como si me viera en él pero antagónicamente, me explico? (No, Nunca me sabré explicar). Estaba en la mesa del frente,con sus Parissienes sobre la mesa, y la cerveza negra en su mano. Vestía bohemio, con una boina al costado color beige, un sweater gris, un jean común y las zapatillas elegante-sport. Sí, parecía interesante para mí, pero acrecentó mucho más mi curiosidad cuando subió el volúmen de su mp3 al nivel más alto, y alcancé a escuchar "Kissing a Fool" de MIchael Buble. Entonces, recordé a mi papá diciéndome que existía el que tenía más o menos mi edad y escuchaba ese tema. Me reí, y me dije que no estaba todo perdido. En dos minutos armé un conjunto ilusorio para saber si realmente era él. Me decidí a hablarle cosas que sólo aquella persona entendería:
- Disculpame, ¿Sos Horacio?
- Sólo si sos la Maga.
Le hice una mueca y me estremecí completamente. Pero pensé que también podría haber sido sólo una enorme casualidad (y sé que no existen). Nos quedamos conversando un rato, y aunque no lo sabía, yo esperaba otra señal.
- Sí, me gusta más a versión que hace MIchael Buble, que la de George MIchael.
(...) Yo miraba a otro lado y él me miraba.
- Che... - Me dijo, y me quedé perpleja mirándolo. - Que no te suene a "chamuyo" barato, ni nada por el estilo, pero los tres lunares que tenés justo en el medio de los ojos, parecen una constelación estelar, y si pudiera mirarlos de cerca estoy seguro que podría perderme y encontrarte...
Me reí hipócritamente para hacerle entender que creía que estaba calumniándome.
Y no me entendió.
Y entonces supe que era ÉL.